El Metropolitano es patrimonio emocional de Barranquilla y una obra que puede ampliar la capacidad de la ciudad para recibir grandes eventos. Precisamente por eso, la conversación sobre sus recursos públicos merece hacerse con números claros: no se trata de estar a favor o en contra del estadio, sino de entender cuánto cuesta y qué explica cada peso adicional.
Una copia de la Adición No. 1 al contrato LP-017-2025, revisada por VOZCARIBE, fija en $106.376.345.690 el valor de una modificación para incorporar mayores cantidades de obra e ítems no previstos. Sumada al valor adjudicado de $172.969.667.789, la cuenta contractual asciende a $279.346.013.479.
En palabras menos técnicas: la adición sola equivale al 61,5 % de lo que costó adjudicar inicialmente la obra. No es un ajuste menor; por cada $100 que tenía el contrato adjudicado, se le agregan $61,5.
Del presupuesto de $180.000 millones a una cuenta de $279.346 millones
El aviso de convocatoria publicado en SECOP II estimó el proyecto de remodelación y ampliación en $180.000 millones, incluidos tributos. El proceso fue luego adjudicado por $172.969.667.789, según los datos del expediente contractual.
La Adición No. 1 eleva ese valor en $106.376 millones. Eso no significa que el estadio “valga” solo esa cifra adicional: significa que, si no existen otras modificaciones posteriores, el valor del contrato pasa a $279.346 millones. La diferencia frente al presupuesto estimado inicial es de $99.346 millones.
La modificación señala dos razones generales: mayores cantidades de obra y actividades no previstas. El documento remite al Acta Modificativa de Obra No. 5, que debe contener el detalle técnico que permita saber qué cambió durante la ejecución y por qué no estaba en la cuenta original.
Una comparación que se entiende en una casa
Para bajar el monto a una escala cotidiana, VOZCARIBE tomó como referencia el programa de mejoramiento de vivienda del Distrito. La Alcaldía informa que destina $24 millones por hogar para intervenciones como pisos, baños, cocinas, lavaderos e instalaciones eléctricas.
Con ese valor de referencia, los $106.376 millones de la adición representan el mismo orden de recursos que 4.432 mejoramientos completos de vivienda. No es una comparación de destinos presupuestales —un contrato de estadio no se convierte automáticamente en subsidios de vivienda—, sino una forma de dimensionar una cifra que, escrita con once ceros, suele perder significado para el lector.
La pregunta, entonces, no es si Barranquilla debe tener un estadio competitivo. Es qué obras concretas hicieron necesario agregar el equivalente monetario a más de cuatro mil intervenciones de hogar a un contrato que ya superaba los $172.000 millones.
Una diferencia dentro del propio desglose
La cláusula de valor de la Adición No. 1 indica un total de $106.376.345.690. En el desglose se mencionan $29.021.251.449 por mayores cantidades de obra y $77.777.266.339 por actividades no previstas.
La suma de esas dos cifras da $106.798.517.788: $422.172.098 más que el total que el mismo documento presenta como valor de la adición. VOZCARIBE no puede concluir, a partir de esa diferencia, que exista una irregularidad. Sí es una inconsistencia aritmética que requiere una aclaración documental: si se trata de un error de transcripción, de un valor parcial o de un componente que no debía sumarse.
La explicación debe estar acompañada del Acta Modificativa de Obra No. 5, los análisis de precios unitarios, el concepto de la interventoría y la trazabilidad de aprobación en SECOP II. Esa información permitiría separar una necesidad técnica justificada de una cifra que el ciudadano no puede verificar por sí solo.
La obra avanza; la cuenta también debe estar a la vista
La Alcaldía reportó el 24 de septiembre un avance del 89 % y describió cambios como la cancha híbrida, nuevas sillas, más sanitarios, túneles y espacios de hospitalidad. En esa comunicación, el alcalde Alejandro Char defendió el escenario como una obra para la ciudad:
“Es un patrimonio de los hinchas del fútbol en Colombia”.
Alejandro Char, en comunicación de la Alcaldía de Barranquilla, 24 de septiembre de 2026.
Ese valor simbólico no sustituye la obligación de explicar el valor económico. La ciudad ya discute cómo el crecimiento, los eventos y la mayor demanda pueden trasladarse a las cuentas de los hogares, como advirtió VOZCARIBE al analizar la presión sobre el costo de vida local. En las inversiones públicas, transparencia también significa que cualquier persona pueda seguir la ruta del dinero sin ser experta en contratación.
La obra puede terminar siendo una ganancia para Barranquilla. Para que también lo sea en confianza pública, falta una respuesta sencilla y respaldada: qué se adicionó, cuánto costó cada nuevo ítem y por qué esas necesidades no estaban previstas cuando se adjudicó el contrato.




