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Benedetti se le quiere meter al rancho a los Char, ahora quiere ser Alcalde de Barranquilla

La política en la Barranquilla está experimentando un sismo de baja intensidad que promete escalar hacia las elecciones locales de 2027. Armando Benedetti, actual Ministro del Interior y una de las figuras más volcánicas de la política nacional, ha comenzado a emitir señales directas sobre su intención de competir por la Alcaldía de Barranquilla. Lo que para muchos parece una misión suicida —enfrentar la maquinaria de la familia Char— para Benedetti es, según sus propias palabras, un deseo de ver a la ciudad convertida en una metrópoli «cosmopolita».

La posibilidad de que Benedetti se lance al ruedo local no es un simple rumor de pasillo. En declaraciones recientes ofrecidas en el marco del Congreso Nacional de Municipios 2026, el funcionario no ocultó su entusiasmo. «Yo tengo ganas», afirmó ante medios nacionales, sugiriendo que su ciclo en el gabinete nacional podría estar cerrándose para abrir paso a una apuesta regional que busca capitalizar el voto alternativo y el respaldo que el gobierno de Gustavo Petro mantiene en ciertos sectores populares de la ciudad.

La muralla de cristal de los Char

Sin embargo, el camino de Benedetti se topa con una realidad estadística abrumadora. El «charismo», liderado actualmente por el alcalde Alejandro Char, mantiene niveles de aprobación que desafían cualquier lógica de desgaste político.

Según la encuesta de Guarumo y Ecoanalítica de enero de 2026, Char ostenta un 88% de aprobación, consolidándose como el mandatario local mejor calificado de Colombia. Este respaldo no es gratuito; se basa en un modelo de continuidad que ha transformado la infraestructura de la ciudad y que ha logrado blindarse frente a constantes cuestionamientos judiciales y éticos.

Para los analistas, quitarle el poder a los Char es, hoy por hoy, una tarea titánica. La estructura de esta casa política no solo domina la Alcaldía, sino que extiende sus tentáculos a la Gobernación del Atlántico y a una robusta bancada en el Congreso.

La oposición en Barranquilla ha sido históricamente fragmentada, y figuras como Antonio Bohórquez, aunque persistentes, no han logrado superar el margen del 10% en las urnas frente a la maquinaria de Cambio Radical.

«El fenómeno del charismo en Barranquilla es una amalgama de eficiencia administrativa percibida y un control territorial casi absoluto», señalan expertos en gobernanza local.

¿Un candidato con «pies de barro»?

La candidatura de Benedetti enfrenta sus propios demonios. A pesar de su innegable astucia política y su capacidad para movilizar recursos, su figura está marcada por una serie de controversias judiciales que han transitado desde la Corte Suprema hasta la Fiscalía.

Además, su papel como «arquitecto» de la campaña presidencial de Petro en la región Caribe le otorga una visibilidad privilegiada, pero también lo convierte en el blanco principal de los sectores que rechazan las políticas del actual Gobierno Nacional.

Desde el Ministerio del Interior, Benedetti ha intentado posicionar una narrativa de «cambio necesario» para la ciudad, criticando lo que considera un modelo de desarrollo que beneficia a unos pocos. No obstante, la dependencia de Barranquilla hacia la inversión gestionada por el clan Char hace que cualquier alternativa sea vista con sospecha por el sector empresarial y las clases medias, quienes temen una ruptura en la continuidad de las obras públicas.

El juego de las alianzas

Para que una candidatura de Benedetti sea viable, necesitaría algo más que el logo del Pacto Histórico. Requeriría una coalición sin precedentes que incluya a sectores liberales disidentes, movimientos sociales y, posiblemente, aprovechar alguna grieta interna en las estructuras de poder tradicionales del Caribe. La estrategia parece ser clara: nacionalizar la elección local, convirtiéndola en un plebiscito sobre el modelo de ciudad frente a la gestión del Gobierno Central.

Por ahora, las fichas se están moviendo en el tablero. Mientras Alejandro Char se enfoca en terminar su mandato con megaobras y la proyección de eventos internacionales, Benedetti mide el aceite de su popularidad en los barrios del sur de la ciudad. La gran pregunta que queda en el aire es si el carisma y la trayectoria de Benedetti serán suficientes para perforar una hegemonía que parece invulnerable.

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