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El ‘Superniño’ que se viene: menos lluvia, embalses bajos y una factura de luz que podría doler

El Ideam ya tiene certeza científica de que el fenómeno llegará entre julio y diciembre de 2026 con más fuerza que en 2024. Colombia genera dos de cada tres kilovatios con agua, y eso convierte la sequía en un problema directo para el bolsillo de los hogares.

Un calentamiento inusual en las aguas del océano Pacífico tropical está a punto de convertirse en el problema energético más serio que Colombia enfrenta desde los años noventa. El denominado ‘Superniño’ —una versión de El Niño de intensidad moderada a fuerte— tiene una probabilidad superior al 90% de establecerse entre julio y diciembre de 2026, según confirmó la directora general del Ideam, Ghisliane Echeverry Prieto, quien advirtió que el fenómeno llegará con una intensidad superior a la registrada en 2024 y que las anomalías ya son medibles en el Pacífico. Para muchos hogares colombianos, la pregunta no es si llegará, sino cuánto costará.

Primero lo básico: ¿qué es exactamente El Niño?

El Niño no es un huracán ni una tormenta. Es un cambio en la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial que, cuando se calienta más de lo normal, altera los patrones de viento, lluvia y temperatura en gran parte del planeta. Para Colombia, eso se traduce en una consecuencia casi siempre igual: menos lluvias, más calor y ríos y embalses con niveles más bajos de lo habitual. El apodo de ‘Superniño’ que circula esta vez se lo han dado los expertos porque los océanos están registrando temperaturas superficiales que, en abril de 2026, fueron las segundas más altas en la historia para ese mes, solo por debajo del récord de 2024.

El problema para Colombia es estructural: alrededor del 66% de la energía eléctrica del país se genera a partir de fuentes hídricas. Dicho en palabras simples: dos de cada tres kilovatios que mueven un televisor, una nevera o un aire acondicionado en el Caribe colombiano dependen de que haya suficiente agua cayendo en las montañas y llenando los embalses. Cuando El Niño llega y las lluvias se reducen, ese modelo cruje.

Lo que pasa con los embalses y la tarifa

XM, operador del Sistema Interconectado Nacional, advirtió que el principal efecto del fenómeno será la reducción de aportes hídricos a los embalses, lo que obligaría a incrementar el uso de generación térmica para evitar afectaciones en el suministro eléctrico. Las plantas térmicas —que funcionan con gas, carbón y combustibles líquidos— son más caras de operar que las hidroeléctricas, y ese costo adicional termina trasladándose a las tarifas que paga el usuario final.

Los expertos, entre ellos Carmenza Chahín, exdirectora de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), coinciden en que la magnitud proyectada del fenómeno obliga a tomar medidas urgentes, entre ellas asegurar la disponibilidad de combustibles para las térmicas e intensificar el ahorro anticipado de agua en los embalses.

La buena noticia es que Colombia llega a esta coyuntura con sus embalses en el mejor nivel de embalsamiento en mucho tiempo, mejor que en las fases previas al Niño anterior de 2024, según Julio César Vera, presidente de la fundación Xua Energy, lo que representa un colchón hídrico importante frente al escenario anterior.

Desde Hidroituango, que genera el 12% de la energía del país, se advierte que Colombia podría enfrentar aumentos en las tarifas de energía e incluso riesgos de racionamiento en el segundo semestre de 2026, y se insistió en la necesidad de anticiparse a la temporada seca almacenando la mayor cantidad posible de agua en el embalse.

El fantasma de 1992 y lo que puede hacer el ciudadano

La última vez que Colombia vivió una situación realmente grave en estos términos fue en 1992, cuando el Gobierno ordenó apagones de al menos 10 horas diarias durante 13 meses y las pérdidas económicas superaron los 100 millones de dólares. Ese episodio marcó a una generación entera y todavía funciona como referente de lo que no debe repetirse.

El ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, aseguró que el país sí está preparado para enfrentar la llegada del fenómeno, aunque aclaró que el éxito del plan dependerá de que todos los actores del sistema cumplan sus compromisos. Desde el sector privado, Natalia Gutiérrez, presidenta de la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (Acolgen), señaló que la disponibilidad de gas será determinante para mantener estable el sistema eléctrico.

Para el usuario de a pie en el Caribe colombiano —una región especialmente sensible a los cortes de energía por sus altas temperaturas y su dependencia del aire acondicionado— la recomendación práctica es clara: el segundo semestre de 2026 es un buen momento para revisar el consumo eléctrico del hogar, identificar cuáles equipos gastan más y anticiparse a posibles alzas en la factura. No es alarmismo; es aritmética climática.

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