Paloma Valencia y Abelardo De la Espriella comparten trinchera ideológica pero se han disparado con todo antes de la primera vuelta. Que se unan en segunda vuelta contra Cepeda parece tan difícil como que el abogado y la senadora se hagan un selfie juntos y lo publiquen sonriendo.
El domingo 31 de mayo Colombia elige presidente en primera vuelta, y la derecha llega a esa cita como quien va a una boda en la que la mitad de los invitados no se hablan entre sí. Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático con el exdirector del DANE Juan Daniel Oviedo como fórmula, e Ableardo De la Espriella, penalista y líder del movimiento Defensores de la Patria, representan el mismo espectro ideológico pero han protagonizado uno de los enfrentamientos más ruidosos —y, hay que decirlo, más coloridos— de toda la campaña electoral 2026.
Valencia, en declaraciones para el programa Cómo Amaneció Bogotá de Tropicana, calificó la estrategia de su rival de «absolutamente asquerosa» y denunció el uso de influencers y figuras políticas para difundir mensajes que tildó de «ofensivos y mentirosos». Por si quedaba alguna duda, añadió en Blu Radio que la campaña del abogado promueve el «odio», igualándolo así, en el mismo saco, con el presidente Gustavo Petro y con el propio Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico. Un piropo que ningún dirigente de derecha encajaría con comodidad.
La foto que lo cambió todo
Pero si Valencia sacó la artillería pesada en los últimos días, el capítulo que más definió la relación entre los dos rivales conservadores ocurrió a mediados de mayo, cuando De la Espriella participó en el programa de humor Piso 8 FM con Jhovanoty. El abogado pidió un teléfono para mostrarle a la periodista Laura Rodríguez una imagen que, según dijo, le había ganado «unos votos bien bacanos del electorado femenino». La imagen en cuestión involucraba sus partes íntimas. La periodista, según registró la cámara, no estaba cómoda. In
Paloma Valencia reaccionó de inmediato: «Las mujeres periodistas no tienen por qué aguantar bromas sexuales, insinuaciones ofensivas ni ataques personales por atreverse a preguntar». Y su fórmula Oviedo fue aún más quirúrgico: «Decir que ganó el voto femenino ‘por lo grande que lo tiene’ solo pone de manifiesto su propia pequeñez». Una frase que quedará en los anales de la retórica electoral colombiana, donde el doble sentido siempre ha tenido su curul.
De la Espriella se disculpó después por redes sociales, argumentando que todo ocurrió «como parte del juego que se estaba dando en un programa de humor» y que él simplemente había seguido «esa línea con otra broma, sin malicia ni morbosidad, mamando gallo, como suelo hacerlo». Que el penalista más mediático del país haya tenido que explicar que «mamaba gallo» en campaña presidencial es, en sí mismo, una síntesis perfecta del estado de la derecha colombiana en 2026.
¿Y si Cepeda pasa? El abrazo que nadie quiere dar
A menos de una semana de los comicios, Iván Cepeda encabeza las encuestas aunque sin asegurar victoria en primera vuelta, en una disputa que lo enfrenta directamente con De la Espriella y Valencia por los primeros dos puestos. Si el candidato del Pacto Histórico pasa a segunda vuelta —escenario que los sondeos dan como muy probable—, la pregunta que nadie en la derecha quiere responder es obvia: ¿se unen Paloma y Abelardo, o cada uno sigue por su lado mirando cómo el otro pierde?
Valencia ya dejó claras sus cartas: descartó, «por ahora», sumarse a la campaña de De la Espriella, argumentando que «somos muy distintos», y dejó dudas sobre un posible acercamiento, aunque reafirmó que no apoyará jamás a Cepeda. De la Espriella, por su parte, se ha declarado el único rival real frente al candidato del Pacto Histórico, a quien llama «la peor amenaza para Colombia».
La lógica diría que, si uno de los dos no clasifica, sus votos deberían fluir naturalmente hacia el otro. La realidad dice que después de «asquerosa», «odio», «la que la tenga más grande» y una foto viral en un programa de humor, ese traslado de apoyos podría ser el ejercicio de deglución más difícil que recuerde la derecha criolla desde que Álvaro Uribe y sus críticos internos se miraban sin saludarse en los pasillos del Congreso.
Lo que sí está claro para el próximo 21 de junio —fecha de la eventual segunda vuelta— es que Colombia podría asistir a uno de esos abrazos de campaña donde los dientes aprietan mientras la sonrisa posa. Y en ese escenario, la pregunta no será ideológica. Será mucho más sencilla y más colombiana: ¿quién traga más sapo?





