En las calles de Barranquilla ya nadie pregunta si va a hacer calor, sino cuánto más va a durar. La respuesta del Ideam, sin embargo, no es la que la gente quiere escuchar: la lluvia que refresca las tardes tardará en volver.
Hay una pregunta que se repite en las terrazas, en las filas de las tiendas de barrio y en los grupos de WhatsApp del Atlántico desde hace semanas: ¿hasta cuándo va a hacer este calor inhumano? El 9 de julio, Barranquilla registró una sensación térmica cercana a los 39 grados centígrados, según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), una cifra que explica por qué dormir con ventilador ya no alcanza y por qué las canecas de agua se vacían más rápido de lo normal en los hogares costeños. No es una sensación exagerada: el fenómeno hace parte de una ola de calor que golpea a ocho departamentos del país, la mayoría en el Caribe, y que tiene una causa de fondo con nombre propio, El Niño.
Un cielo que castiga en lugar de aliviar
El cielo despejado que tanto se disfruta en postales de playa se ha convertido, para el atlanticense de a pie, en el peor enemigo del verano. El Ideam explicó en su más reciente boletín que la disminución de la nubosidad permite que la radiación solar llegue con mayor intensidad a la superficie, lo que mantiene el termómetro arriba durante buena parte del día. Y cuando por fin cae una lluvia en la tarde, tampoco trae el alivio esperado: la entidad advirtió que esos aguaceros dispersos no serán suficientes para bajar el calor acumulado durante la jornada. En el Atlántico, 18 municipios permanecen bajo alerta por incendio de cobertura vegetal, una señal de qué tan reseca está la tierra a la espera de agua.
«La sensación térmica depende tanto de la temperatura como de la humedad y del tiempo», explicó William Reaña, meteorólogo de turno del Ideam, en declaraciones a El Heraldo, una frase que resume por qué el calor del Caribe se siente distinto, más pesado, más difícil de sacudirse de encima incluso a la sombra.
«La sensación térmica depende tanto de la temperatura como de la humedad y del tiempo», explicó William Reaña, meteorólogo de turno del Ideam
La espera que viene: no será corta
Para quienes ya cuentan los días hasta la próxima lluvia fuerte, el pronóstico del Ideam pide paciencia. El más reciente Informe de Predicción Climática señala que el Caribe colombiano, incluido el Atlántico, tendrá un trimestre julio-septiembre con lluvias por debajo de lo normal, con anomalías de entre 75 y 150 milímetros menos de lo habitual. El déficit sería más marcado entre agosto y octubre, y solo hacia noviembre y diciembre el panorama empezaría a mostrar algo de alivio, aunque de forma desigual entre municipios.
Detrás de esta espera está El Niño, que según la NOAA se fortalecería hacia finales de 2026, con un 63% de probabilidad de convertirse en un evento muy fuerte entre noviembre de este año y enero de 2027. Mientras tanto, en los barrios de Barranquilla y los municipios del Atlántico, las familias siguen ajustando la rutina al calor: salir más temprano, hidratarse más seguido, cuidar a los niños y a los abuelos de las horas más duras del sol, entre las 10:00 de la mañana y las 4:00 de la tarde. Es una forma de resistencia silenciosa, la que impone un verano que este año decidió no soltar la costa tan rápido.





