Los aguaceros que dejaron emergencias en Barranquilla y Soledad no desmienten la alerta por El Niño. Lo que muestran es algo menos intuitivo: un fenómeno climático que se mide en meses puede coincidir con varios días de lluvia intensa y localizada.
El boletín más reciente del IDEAM sobre el ciclo ENOS, publicado el 21 de septiembre, confirma que persisten las condiciones de El Niño y que el calentamiento del Pacífico ecuatorial ya alcanzó la categoría fuerte en el trimestre junio-agosto. A la vez, recoge una probabilidad superior al 90 % de que evolucione a categoría muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte de 2026-2027.
“Super Niño” es una expresión de divulgación, no una categoría técnica distinta. Como ya explicó VOZCARIBE en su seguimiento a la amenaza de sequía en el Caribe, lo riguroso es hablar de un evento fuerte o muy fuerte y de sus probabilidades, no de una sentencia de que dejará de llover cada día.
Está lloviendo, pero no en todo el Caribe por igual
El reporte de condiciones de las 6:00 a. m. de este 25 de septiembre sí confirma lluvias en la región, pero con una distribución desigual. El IDEAM registró precipitaciones moderadas a fuertes, con tormentas eléctricas dispersas, en el sur del Cesar, Bolívar y Sucre, y en el sur y oriente de Córdoba. También reportó lluvias ligeras a moderadas en el sur del Magdalena y el norte del Atlántico, mientras en el centro y nororiente del Caribe predominaba el tiempo seco.
La señal tampoco se limita al Caribe. En las últimas horas hubo lluvias de moderadas a fuertes en Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño; en zonas de Norte de Santander, Santander, Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío, Tolima, Boyacá y Cundinamarca; y en sectores de Guainía, Vaupés, Caquetá, Putumayo y Amazonas, según el boletín hidrometeorológico diario.
En Barranquilla, la racha ya tuvo consecuencias concretas: el 21 de septiembre se reportaron inundaciones, caída de árboles, una vivienda afectada y personas rescatadas de un arroyo; las lluvias también alteraron temporalmente el bombeo de agua en sectores de Barranquilla y Soledad, de acuerdo con el balance inicial de las emergencias.
La explicación: pronóstico climático no es pronóstico del tiempo
El Niño altera las probabilidades de lluvia y temperatura a escala de meses y temporadas; no funciona como un interruptor que apaga todos los aguaceros. El propio IDEAM advierte que el efecto sobre las precipitaciones en Colombia es diferencial a lo largo del territorio. Por eso puede haber déficit acumulado en un trimestre y, al mismo tiempo, lluvias fuertes en una ciudad, un municipio o una subcuenca.
Además, esta semana se juntaron forzantes de corto plazo. En su pronóstico del 21 al 25 de septiembre, el IDEAM anticipó lluvias de variada intensidad en buena parte del país y señaló que el tránsito de la onda tropical 51 favorecería un aumento de las precipitaciones, tormentas eléctricas y vientos en el norte. Es una condición meteorológica de días; El Niño es la señal climática de fondo.
La coexistencia de ambas cosas ya aparece en las alertas: el mismo comunicado reportó lluvias en sectores Caribe, Andina, Pacífica, Amazónica y Orinoquía, pero mantuvo niveles bajos en los ríos Cauca y Magdalena y alertas por incendios en varios departamentos, incluida La Guajira. La lluvia localizada no es sinónimo de recuperación hídrica regional.
Qué puede mejorar y qué no debe confundirse con alivio
Unos días lluviosos pueden bajar temporalmente la sensación de calor, humedecer suelos y vegetación y reducir el riesgo inmediato de que una chispa se propague. Para cultivos de secano y pastos, una lluvia moderada y bien distribuida puede dar un respiro corto, siempre que infiltre en el suelo y no llegue con tal intensidad que lo erosione o inunde.
Pero no basta con ver caer agua en Barranquilla para concluir que se superó la sequía. El IDEAM aún reporta niveles bajos del río Magdalena desde Purificación hasta Calamar, incluidos los brazos de Mompox y Loba, y en el Canal del Dique a la altura de Arjona. Recuperar ríos, embalses, acuíferos y humedad profunda requiere lluvias sostenidas, en las cuencas correctas y durante semanas o meses, no solo aguaceros urbanos.
Para los hogares, el riesgo inmediato está más cerca: arroyos, inundaciones, caída de árboles, daño a bienes, interrupciones de movilidad y afectaciones a los servicios. El riesgo que sigue vigente es el de mediano plazo: más calor, presión sobre el agua y la energía, y mayor exposición a incendios si vuelve el tiempo seco. La guía de preparación de VOZCARIBE para el Atlántico sigue siendo vigente porque una lluvia intensa no elimina ese escenario.
Qué hacer mientras cambia el tiempo
No atraviese arroyos ni calles con corriente, aunque parezcan transitables; la fuerza del agua y las tapas de alcantarilla no siempre son visibles. Revise desagües de patios y techos, mantenga documentos y equipos eléctricos lejos del nivel del piso y siga los boletines diarios del IDEAM y de las autoridades locales antes de desplazarse.
Al mismo tiempo, mantenga el ahorro de agua. La aparente abundancia de una semana de aguaceros no garantiza que la fuente que abastece a cada barrio, municipio o finca se haya recuperado. La lectura útil para los lectores no es escoger entre “sequía” o “lluvia”, sino prepararse para ambos extremos en una misma temporada.





