En Cali, Pereira, Chocó y otras zonas golpeadas por el terremoto, los equipos de rescate trabajan con una combinación de experiencia humana, perros entrenados, drones con cámaras térmicas y sistemas especializados para estructuras colapsadas. La tecnología ayuda a localizar señales y evaluar riesgos, pero no reemplaza el criterio de los rescatistas.
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el lunes 10 de agosto dejó edificios colapsados, hospitales afectados y comunidades aisladas. Mientras continúa la búsqueda de sobrevivientes, las herramientas tecnológicas se han convertido en una extensión de los ojos, los oídos y la capacidad de reacción de los organismos de socorro.
Drones para mirar donde no pueden entrar los rescatistas
El Ejército desplegó aeronaves no tripuladas equipadas con cámaras térmicas para apoyar la búsqueda en las zonas más afectadas. Estos drones permiten observar desde el aire estructuras inestables, identificar rutas bloqueadas y revisar áreas que podrían representar un riesgo para los equipos que trabajan sobre el terreno.
La cámara térmica puede detectar diferencias de temperatura y ayudar a ubicar posibles señales en medio de los escombros. Sin embargo, no funciona como una cámara que atraviesa automáticamente el concreto: su utilidad depende de la distancia, el clima, la ventilación, los materiales y la posibilidad de que exista una señal térmica visible.
Por eso, las imágenes aéreas deben combinarse con información de vecinos, planos de las edificaciones, sonidos y registros de las personas que permanecen desaparecidas. Un dron puede marcar un punto prioritario, pero la decisión de perforar o retirar una estructura exige evaluación de ingenieros y rescatistas.
Los perros siguen siendo una de las herramientas más precisas
La Policía y el Ejército enviaron binomios caninos a Cali, Pereira, Manizales y Chocó. Según Semana, la Policía dispuso 22 guías, diez perros entrenados para localizar personas vivas en estructuras colapsadas y más de 100 rescatistas especializados.
El Ejército, por su parte, movilizó cinco pelotones de búsqueda y rescate, con cerca de 180 soldados y equipos caninos destinados a las zonas priorizadas. La ventaja de estos animales es que pueden detectar olores humanos en lugares donde los sensores electrónicos no siempre ofrecen una lectura clara.
Pero también tienen límites. El ruido, el polvo, el calor, la fatiga y la inestabilidad de las edificaciones pueden afectar su trabajo. Un perro no señala por sí solo que una persona está viva: su comportamiento debe ser interpretado por el guía y confirmado mediante otras técnicas antes de iniciar una extracción.
El silencio también es una tecnología de rescate
En Pereira, los organismos de socorro pidieron despejar algunos sectores y reducir el ruido mientras intentaban establecer contacto con posibles sobrevivientes. La razón es sencilla: cuando una persona está atrapada, una voz, un golpe o una señal débil puede ser más útil que una imagen aérea.
Los equipos utilizan herramientas acústicas, cámaras de búsqueda, micrófonos y sistemas de comunicación para explorar cavidades entre los restos. En algunos casos, los rescatistas golpean estructuras y esperan una respuesta; en otros, introducen cámaras por pequeños orificios antes de mover una pieza de concreto.
La operación exige una coordinación precisa. Una máquina pesada mal ubicada puede generar vibraciones, derrumbar una pared inestable o bloquear una posible ruta de extracción. Por eso, el componente tecnológico no consiste solamente en tener drones o sensores: también implica procesar la información y convertirla en decisiones seguras.
Mapas, coordenadas y decisiones en tiempo real
La emergencia obliga a cruzar datos de distintas fuentes: imágenes aéreas, reportes ciudadanos, llamadas de familiares, mapas de infraestructura, ubicación de hospitales y estado de las carreteras. Esa información permite priorizar los puntos donde puede haber personas atrapadas y definir por dónde ingresar maquinaria, ambulancias y ayuda humanitaria.
En las zonas rurales del Chocó, donde el acceso es más difícil, las herramientas de geolocalización pueden ser determinantes para ubicar comunidades aisladas y organizar el traslado de equipos. Allí, la tecnología debe enfrentar además problemas de conectividad, topografía compleja y daños en las vías.
La experiencia de los equipos colombianos que participaron en el rescate tras los terremotos de Venezuela también dejó lecciones sobre el uso combinado de perros, personal especializado y herramientas de localización. La tecnología aplicada a emergencias ya forma parte de una cooperación regional que puede ser decisiva en las primeras horas.
La tecnología no garantiza un rescate rápido
Las imágenes de drones, las cámaras térmicas y los perros de búsqueda pueden acelerar la localización, pero el rescate depende de muchas otras variables: el tipo de colapso, la profundidad, la disponibilidad de maquinaria, la estabilidad de las paredes, el acceso a los municipios y el estado de las personas atrapadas.
La herramienta más avanzada puede indicar dónde mirar; después comienza el trabajo lento y peligroso de retirar escombros sin provocar un nuevo colapso. En ese punto, la tecnología deja de ser una promesa espectacular y se convierte en apoyo para una tarea esencialmente humana.
La prioridad durante las próximas horas seguirá siendo encontrar sobrevivientes, proteger a los rescatistas y llevar ayuda a las comunidades que aún no han podido ser evaluadas. Cada dron, cada perro y cada sensor será útil solo si está integrado a una operación coordinada, con información verificada y decisiones tomadas sobre el terreno.





