Nuquí y Bahía Solano son los dos nombres que el Gobierno puso en el centro de su apuesta para convertir al Chocó en un destino turístico de importancia nacional e internacional. La promesa apareció dentro del paquete de reconstrucción y desarrollo anunciado para el departamento, después del terremoto de agosto, y fue presentada públicamente como la estrategia de los “Pueblos Milagro Turísticos”.
El atractivo es evidente: selva húmeda que llega hasta el mar, playas, manglares, arrecifes, ríos, pesca artesanal, culturas afro e indígena y la temporada de ballenas jorobadas. Pero el desafío también lo es. Nuquí y Bahía Solano no están esperando solamente más publicidad. Necesitan resolver la conexión con el resto del país, la prestación de servicios básicos, la seguridad de los visitantes, la formalización empresarial y la capacidad de recibir turistas sin deteriorar el ecosistema que los hace únicos.
El turismo entra en el “Plan Marshall” del Chocó
El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo informó el 7 de septiembre que Gobierno y empresarios pusieron en marcha un paquete de 13 medidas para la recuperación del departamento. La iniciativa contempla compromisos privados por unos $2 billones, de los cuales se anunció cerca de $1 billón para infraestructura y conectividad, además de $5.000 millones de capital semilla para aproximadamente 1.000 emprendedores.
En el componente turístico, el comunicado oficial señala que Nuquí y Bahía Solano fueron seleccionados para fortalecer su desarrollo turístico mediante una alianza entre Fontur y la Fundación Santo Domingo. El anuncio incluye turismo junto con energía, educación, mercados, inclusión financiera e inversión, lo que muestra que la apuesta no se entiende como una campaña aislada, sino como parte de un intento de transformar la economía del Chocó. El Ministerio de Comercio detalló aquí el paquete anunciado.
“Tenemos una oportunidad histórica para convertir la reconstrucción en desarrollo”, afirmó el ministro de Comercio, Mauricio Gómez Amín.
La primera advertencia de rigor es que, en la información pública disponible, todavía no aparece una ficha completa del componente turístico: no se detallan el presupuesto específico para Nuquí y Bahía Solano, las obras exactas, el cronograma, la meta de visitantes, el número de empleos esperados ni los indicadores para saber si la estrategia funcionó. Por ahora hay una dirección política y una alianza anunciada, pero falta convertirla en un plan verificable.
Qué son —y qué no son— los “Pueblos Milagro Turísticos”
La expresión se ha instalado como el nombre de la estrategia anunciada por el Gobierno para Nuquí y Bahía Solano. Sin embargo, no debe confundirse automáticamente con la Red Turística de Pueblos Patrimonio, que sí es un programa formal del Ministerio de Comercio ejecutado por Fontur y tiene criterios, declaratorias y una trayectoria institucional propia. Fontur presenta aquí la Red de Pueblos Patrimonio.
En la información pública revisada para esta nota no aparece un decreto que convierta “Pueblos Milagro Turísticos” en una nueva categoría legal equivalente a Pueblos Patrimonio. La etiqueta, por ahora, funciona como una bandera de intervención: atraer inversión, formalizar negocios, mejorar servicios y hacer que la riqueza natural se traduzca en ingresos para la población local.
La diferencia no es semántica. Un destino no se transforma por el nombre que recibe, sino por la combinación de conectividad, servicios, calidad de la experiencia, protección ambiental y distribución de los beneficios. Si esos elementos no aparecen en el presupuesto y en un cronograma, “milagro” corre el riesgo de quedarse en eslogan.
Por qué Nuquí y Bahía Solano
Los dos municipios concentran buena parte de los atributos que hoy busca el turismo de naturaleza: biodiversidad, experiencias de baja densidad, contacto con comunidades y actividades que no dependen de construir una gran ciudad de playa.
El Parque Nacional Natural Utría es el principal activo compartido del corredor. Parques Nacionales identifica allí cuatro ecosistemas marino-costeros especialmente productivos y frágiles: arrecifes coralinos, manglares, selva húmeda tropical y ecosistema marino. También registra playas de anidación de tortugas, observación de fauna y flora, senderismo, careteo, buceo y avistamiento de ballenas. La ficha oficial del PNN Utría explica sus ecosistemas, actividades y condiciones de visita.
Nuquí tiene como carta de presentación el golfo de Tribugá, la costa abierta, las playas y una oferta asociada al surf, el buceo, la pesca artesanal, los ríos, las aguas termales y los recorridos por comunidades costeras. Bahía Solano, por su parte, funciona como una puerta de entrada al Pacífico norte, con playas, selva, cascadas, pesca, navegación y acceso a experiencias como El Valle, Huina, Mecana y Utría.
No se trata de potencial descubierto ayer. La propia política de turismo de naturaleza del Ministerio ya había identificado a Nuquí y Bahía Solano, junto con otros destinos del Pacífico, como lugares con condiciones para el avistamiento de ballenas y actividades de naturaleza. Una estrategia nacional de 2013 incluso presentó a ambos como una experiencia para observar ballenas y comprender el carácter salvaje del Pacífico. Consulte la Política de Turismo de Naturaleza y la estrategia Colombia Destino Turístico de Clase Mundial.
La temporada de ballenas, que Utría ubica entre junio y octubre, es el gran pico de demanda. Esa ventana es una ventaja de mercadeo, pero también una vulnerabilidad: un destino que solo se llena durante unos meses puede tener ocupación, empleo e ingresos muy irregulares el resto del año.
El potencial real: turismo de naturaleza, no turismo masivo
El modelo que mejor encaja con Nuquí y Bahía Solano no es el de grandes hoteles, urbanizaciones costeras ni turismo masivo de sol y playa. Es un modelo de naturaleza y comunidad, con grupos pequeños, estadías más largas, guianza local, gastronomía, navegación, interpretación ambiental, cultura y experiencias especializadas.
Eso puede ser económicamente atractivo. Un visitante que contrata transporte local, guía, alojamiento, alimentación, actividades marinas y artesanías deja más valor en el territorio que quien llega a un complejo cerrado y consume casi todo dentro de la misma infraestructura. Pero para que ese modelo funcione, los negocios deben estar formalizados, conectados a los sistemas de reserva y pago, capacitados en atención y seguridad, y en capacidad de ofrecer una experiencia confiable durante todo el año.
El antecedente de Utría demuestra que la naturaleza ya genera demanda. Parques Nacionales ofrece allí observación de ballenas, senderismo, paseos en embarcaciones, buceo y actividades de playa, pero exige guía o intérprete avalado en los casos correspondientes, registro, charla de inducción y coordinación previa con operadores. Es una señal de que el activo turístico también tiene límites de uso y reglas que no pueden sacrificarse para aumentar el número de visitantes.
Conectividad: el primer gran cuello de botella
La geografía es parte del atractivo, pero también encarece y vuelve frágil el viaje. No existe una carretera que conecte directamente estos municipios con Medellín, Cali, Bogotá o el interior del país. El acceso regular depende principalmente de vuelos regionales y, para muchos recorridos, de transporte marítimo.
La ruta oficial de Parques Nacionales contempla vuelos desde Bogotá, Cali, Medellín o Cartago hacia Nuquí o Bahía Solano; desde allí se continúa por tierra hacia El Valle y luego por mar hacia Utría. También registra una alternativa marítima desde Buenaventura: alrededor de nueve horas en motonave o hasta 26 horas en barco de cabotaje, según la modalidad y las condiciones del viaje.
La conectividad aérea existe, pero no equivale todavía a conectividad turística robusta. Los aeropuertos José Celestino Mutis, en Bahía Solano, y Reyes Murillo, en Nuquí, son terminales regionales sometidas a las limitaciones de la pista, la lluvia, la nubosidad y la disponibilidad de aeronaves. La oferta puede ser reducida, costosa y sensible a cancelaciones. Aerocivil promociona el corredor Nuquí-Bahía Solano y el avistamiento de ballenas, mientras Satena incluye ambos destinos dentro de su oferta del Pacífico, pero el reto es garantizar regularidad, capacidad y conexión entre vuelo, transporte terrestre y lancha. Aerocivil ha promovido la ruta y sus experiencias; Satena mantiene la referencia de estos destinos del Pacífico.
La reconstrucción abre una oportunidad para mejorar pistas, terminales, ayudas de navegación, información meteorológica, equipaje, seguridad y transporte de última milla. Pero aumentar la capacidad aérea sin resolver el resto del trayecto solo trasladaría el cuello de botella del aeropuerto al muelle, a la carretera local o al alojamiento.
Qué infraestructura existe y qué falta
Hoy hay hoteles pequeños, cabañas, hostales, posadas comunitarias, restaurantes, guías, lancheros y operadores que conocen el territorio. También existe una infraestructura ambiental de visita en Utría y una red de caminos, playas y embarcaderos que permite organizar experiencias. Es una base real, no un territorio sin oferta.
Pero la base es limitada para una expansión acelerada. El listado de necesidades debería incluir:
- Agua potable y saneamiento: sistemas confiables de captación, tratamiento, almacenamiento y manejo de aguas residuales para hogares, hoteles y restaurantes.
- Energía: suministro continuo y soluciones solares o híbridas que reduzcan la dependencia de combustibles costosos y contaminantes.
- Residuos: recolección, separación, disposición y retorno de materiales desde un territorio donde sacar la basura puede ser tan difícil como llevarla.
- Conectividad digital: internet y telefonía estables para reservas, pagos electrónicos, emergencias, educación y promoción directa de los negocios locales.
- Salud y seguridad: puestos de atención con capacidad para urgencias, protocolos de rescate marítimo, primeros auxilios, comunicación y evacuación.
- Transporte local: muelles seguros, embarcaciones habilitadas, chalecos, tarifas transparentes, horarios coordinados y reglas para el avistamiento de fauna.
- Oferta formal: registro de prestadores, estándares de alojamiento, guías certificados, seguros, formación en idiomas, manipulación de alimentos y atención al visitante.
- Información: mapas, señalización, precios, temporadas, protocolos ambientales y una plataforma que permita comprar el viaje completo sin depender de cadenas informales de mensajes.
El reporte de El País señaló que el paquete de infraestructura y conectividad incluiría recursos para cinco grandes vías y para el aeropuerto José Celestino Mutis de Bahía Solano. Sin embargo, la comunicación oficial del MinCIT consultada no publica la ficha técnica de esas obras ni permite saber cuánto correspondería específicamente al corredor turístico de Nuquí y Bahía Solano. El reporte de El País sobre el paquete de infraestructura puede consultarse aquí.
El límite ambiental y el riesgo de un turismo de enclave
La pregunta no es cuántos turistas caben, sino cuántos puede recibir cada sitio sin perder aquello que los hace atractivos. Utría protege ecosistemas frágiles, poblaciones migratorias, fuentes de agua y valores culturales asociados a comunidades Emberá y afrocolombianas. Las ballenas no son un espectáculo que pueda perseguirse sin reglas; los arrecifes, manglares, playas y senderos tampoco son infraestructura gratuita.
El segundo riesgo es económico: que la inversión llegue desde fuera, los operadores externos se queden con la mayor parte del ingreso y las comunidades terminen relegadas a empleos temporales o informales. El modelo debe asegurar propiedad y participación local, compras a productores del territorio, formación, acceso al crédito, distribución transparente de tasas ambientales y capacidad de decisión de las comunidades sobre sus recursos.
La gran obra turística no debería ser un hotel aislado, sino una red local de servicios confiables: posadas, cocinas, guías, lancheros, artesanos, pescadores, intérpretes ambientales y emprendimientos culturales conectados a un mismo estándar de calidad y conservación.
Qué tendría que ocurrir para que el “milagro” sea medible
Antes de lanzar una campaña internacional, el Gobierno y sus aliados deberían publicar una línea base y un plan con metas anuales. Como mínimo, tendría que incluir:
- presupuesto separado para turismo y obras con responsable, fecha de inicio y fecha de entrega;
- inventario real de camas, operadores, embarcaciones, guías y atractivos habilitados;
- límites de carga para Utría, playas, senderos y avistamiento de ballenas;
- metas de empleo e ingresos que permanezcan en Nuquí y Bahía Solano;
- soluciones concretas para agua, energía, residuos, internet y salud;
- un sistema de transporte integrado que conecte vuelos, muelles, lanchas y alojamientos;
- formación y crédito para que los emprendimientos locales puedan crecer sin perder el control del negocio;
- indicadores de temporada baja, no solo de visitantes durante los meses de ballenas.
También conviene separar esta apuesta turística de los anuncios de un eventual canal o tren interoceánico. Esos proyectos pertenecen a otra escala, tienen estudios, rutas, financiación y tiempos todavía abiertos, y no pueden ser la condición para que Nuquí y Bahía Solano empiecen a resolver sus necesidades inmediatas. VozCaribe ya explicó el estado de esa discusión sobre el corredor Atlántico-Pacífico.
La oportunidad está ahí, pero no es automática
Nuquí y Bahía Solano tienen algo que ningún plan de mercadeo puede fabricar: un paisaje excepcional, una biodiversidad de escala mundial y comunidades con conocimiento del mar, la selva y la cultura del Pacífico. Por eso el Gobierno los escogió y por eso llevan décadas apareciendo en las estrategias nacionales de turismo.
La dificultad está en transformar visitas ocasionales en una economía estable, sin convertir el territorio en un destino masivo y sin repetir el ciclo de anuncios que no llegan a las comunidades. El verdadero “Pueblo Milagro” sería aquel en el que el visitante encuentra una experiencia segura y bien organizada, mientras el habitante local obtiene ingresos dignos, servicios básicos y capacidad de decidir sobre el futuro de su territorio.




