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Entre prender el aire o pagar más: el nuevo dilema de los hogares de estrato 3 en Barranquilla

En un hogar de estrato 3 en Barranquilla, encender el aire acondicionado a media tarde puede convertirse en una cuenta mental: soportar el calor o arriesgarse a que la próxima factura llegue con un cobro adicional. La escena es una reconstrucción representativa del dilema que enfrentan muchas familias del Caribe; no corresponde a una entrevista individual.

El temor creció con el anuncio de un programa transitorio de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), que busca reducir el consumo durante un periodo de estrechez energética. En el Atlántico, usuarios y sectores políticos rechazan que hogares y empresas deban asumir sobrecostos si aumentan más de 10 % su consumo de referencia.

El aire no está prohibido, pero la factura puede cambiar

La regla no impide prender el aire acondicionado ni establece una sanción disciplinaria. Lo que crea es un cobro adicional para los kilovatios que superen el 110 % de la meta individual de cada usuario. Para un hogar de estrato 3, el factor previsto por la regulación es de 1,30, pero eso no significa que toda la factura suba automáticamente 30 %: el cálculo recae sobre el consumo excedente.

La meta se construye con el historial de consumo del usuario, a partir de ciclos completos de lectura de los 12 meses anteriores cuando existe información suficiente. Por eso, dos viviendas del mismo estrato pueden tener referencias diferentes. Una familia que ya venía usando regularmente el aire puede partir de una meta distinta a la de un hogar que apenas empieza a utilizarlo.

Un ejemplo hipotético ayuda a entenderlo: si la meta individual fuera de 100 kilovatios hora, hasta 110 kilovatios hora no habría cobro adicional. Si el consumo llegara a 115, el recargo se calcularía sobre los 5 kilovatios hora que quedaron por encima del límite, no sobre los 115.

La Resolución CREG 101 120 de 2026 establece que el programa es temporal, con una duración inicial de seis meses desde el 15 de agosto, y que se aplica automáticamente a los usuarios regulados incluidos en su alcance. También contempla un beneficio para quienes reduzcan su consumo por debajo del 90 % de su meta, aunque el monto dependerá de los recursos efectivamente recaudados y podría ser menor al esperado.

En el Caribe, refrigerarse no es un lujo

El punto de fondo para el Atlántico es que el consumo no ocurre en las mismas condiciones climáticas de Bogotá o Medellín. En Barranquilla, el aire acondicionado, el abanico y la refrigeración hacen parte de la vida cotidiana, del descanso y, en muchos casos, de la posibilidad de trabajar o mantener abierto un negocio.

“En el Caribe, la refrigeración y el aire acondicionado son necesidades cotidianas”, advirtió el representante Samir Radi.

La frase resume la principal crítica regional: la norma busca que los usuarios ahorren, pero puede terminar trasladando a las familias la responsabilidad de resolver una dificultad estructural del sistema eléctrico. En esa línea, voces políticas y gremiales han pedido que las medidas reconozcan las condiciones del Caribe y no conviertan el calor en una penalización para quienes necesitan refrigerarse.

El Heraldo reportó las críticas de sectores políticos y gremiales del Atlántico, que cuestionan la incertidumbre sobre el beneficio para quienes ahorren y advierten que la demanda regional responde, en buena medida, a las altas temperaturas.

Un cobro que llega sobre una tarifa ya cuestionada

La preocupación no aparece en el vacío. Los usuarios de Air-e en Atlántico, Magdalena y La Guajira ya enfrentan una tarifa elevada. De acuerdo con información publicada por Caracol Radio, el kilovatio hora anunciado para el consumo de julio llegó a 890,27 pesos, frente a 796 pesos en junio, un aumento acumulado de 11,84 % entre esos meses.

Para un hogar de estrato 3, la discusión se vuelve concreta: apagar el aire puede significar dormir peor, trabajar con dificultad o exponer a niños y adultos mayores a un calor intenso; mantenerlo encendido puede acercar el consumo al umbral que activa el recargo. No es una elección abstracta entre eficiencia y derroche, sino una decisión diaria sobre cuánto puede pagar una familia.

Qué debe revisar el usuario en la factura

La primera recomendación es mirar el consumo en kilovatios hora y no únicamente el valor total en pesos. La factura debería permitir identificar el consumo del periodo, la meta individual y, si aplica, el cobro adicional asociado al excedente.

También conviene comparar los días del ciclo de lectura, revisar si hubo una lectura real o estimada y conservar las facturas anteriores. Si la meta parece no corresponder con el historial del inmueble o el cobro no se entiende, el usuario puede pedir la explicación al comercializador y dejar constancia de la reclamación ante la empresa.

El programa puede incentivar el ahorro, pero el debate abierto en el Atlántico es otro: si la respuesta a una situación energética difícil puede descansar principalmente en que una familia decida entre el aire acondicionado y una factura que ya considera onerosa. Mientras no haya una solución de fondo para la oferta, las redes y la tarifa, el calor seguirá siendo el primer lugar donde se siente la política energética.

Ronald Rangel
Ronald Rangel
Comunicador social y periodista con más de 30 años de experiencia. Experto en medios digitales y director fundador de VOZCARIBE.COM. Su trayectoria incluye trabajos en medios nacionales e internacionales, además de reconocimientos y galardones por sus historias.

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