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El Mundial de los estadios prestados

De las 16 sedes del torneo, solo tres fueron construidas exclusivamente para el balompié. Las otras 13 son propiedad de franquicias de fútbol americano que las cedieron temporalmente a la FIFA con modificaciones obligatorias en sus canchas.

En el Mundial 2026 hay una paradoja de infraestructura que pocos han señalado con claridad: el único país sede que aporta estadios diseñados exclusivamente para el fútbol es México, el mismo que históricamente ha tenido que pelear su lugar en la organización del torneo frente al peso político y económico de Estados Unidos. Las 11 sedes estadounidenses y las 2 canadienses pertenecen a franquicias de fútbol americano de la NFL o de la variante canadiense del deporte, la CFL. Ninguna fue concebida para el juego con balón redondo.

Los tres estadios que sí son de fútbol

El Estadio Azteca, en Ciudad de México, es la sede histórica del fútbol mexicano y uno de los recintos más emblemáticos del deporte en el mundo, escenario de dos finales mundialistas y del gol de Diego Maradona a Inglaterra en 1986. El Estadio BBVA, en Monterrey, fue construido exclusivamente para los Rayados. El Estadio Akron, en Guadalajara, es la casa de las Chivas. Los tres fueron diseñados, dimensionados y operados para el fútbol desde su primer día. Ningún otro estadio del torneo puede decir lo mismo.

Once recintos de la NFL y dos multiusos en Canadá

Las 11 sedes de Estados Unidos son propiedad permanente de franquicias de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NHL). El MetLife Stadium de Nueva York alberga a los Giants y los Jets. El SoFi Stadium de Los Ángeles es la casa de los Rams y los Chargers. El AT&T Stadium de Dallas pertenece a los Cowboys, el Hard Rock Stadium de Miami a los Dolphins, el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta a los Falcons, el Lincoln Financial Field de Filadelfia a los Eagles, el Lumen Field de Seattle a los Seahawks, el Levi’s Stadium de San Francisco a los 49ers, el Gillette Stadium de Boston a los Patriots, el Arrowhead Stadium de Kansas City a los Chiefs y el NRG Stadium de Houston a los Texans.

Todos fueron construidos para un deporte que usa una cancha más estrecha y con dimensiones distintas a las exigidas por la FIFA para el fútbol. Para habilitarlos, la organización impuso reformas temporales que incluyeron el ensanchamiento del terreno de juego y la reconfiguración de zonas técnicas y vestidores. En Canadá, el BC Place de Vancouver es un domo multiusos que alberga fútbol canadiense y la MLS, y el BMO Field de Toronto fue creado originalmente para la MLS pero también comparte usos con la CFL.

Lo que revela el dato sobre el fútbol en Norteamérica

La situación no es un accidente logístico sino un reflejo del estado real del fútbol en el mercado norteamericano. En Estados Unidos, el fútbol asociación aún no tiene el peso cultural ni el capital suficiente para justificar estadios de uso exclusivo a la escala que el torneo requiere. La MLS opera en recintos propios en algunas ciudades, pero ninguno alcanza la capacidad ni la infraestructura que la FIFA demanda para un Mundial. La solución fue la única posible: tomar prestados los coliseos del deporte dominante y adaptarlos.

Para los colombianos que sigan el torneo desde las pantallas del Caribe, el dato tiene una lectura adicional: si la Selección Colombia avanza a semifinales o a la final, es casi seguro que jugará en un estadio cuya arquitectura original fue diseñada para que un quarterback lance un pase de 40 yardas, no para que un extremo desborde por la banda. La pelota redonda está de visita en casa del balón ovalado, y esa tensión recorre cada partido del torneo más grande del mundo.

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