En medio del ruido de las máquinas, los gritos y el crujido de las estructuras destruidas, un puño levantado cambia el comportamiento de todos. No es una celebración ni una señal de victoria: es la orden de detenerse, guardar silencio y escuchar. Tal vez, bajo los escombros, alguien todavía esté pidiendo ayuda.
Ese gesto se ha repetido durante las labores de rescate tras el terremoto que golpeó a Colombia. Rescatistas, militares, bomberos y voluntarios levantan el brazo mientras los demás se quedan quietos. Por unos segundos, la emergencia entera parece contener la respiración.
En esos momentos, el silencio no es ausencia de acción. Es una herramienta de búsqueda. Una voz débil, un golpe contra una pared o un movimiento entre los restos puede orientar a quienes intentan encontrar sobrevivientes.
Cuando el puño se levanta, todos deben callar
Los videos compartidos en redes sociales muestran escenas similares en distintos puntos de la emergencia: un rescatista levanta el puño y quienes están alrededor interrumpen las conversaciones, apagan motores y detienen las herramientas. La señal se propaga de persona en persona hasta crear un silencio colectivo alrededor de la estructura colapsada.
Este video publicado en X por Cristian Crespo registra precisamente ese momento: el puño arriba como una orden inmediata de silencio mientras los equipos intentan escuchar posibles señales de vida entre los escombros.
Otra grabación, publicada por David de la Paz, muestra el mismo código de comunicación en medio de la operación: un puño arriba, las herramientas detenidas y decenas de personas esperando cualquier sonido proveniente de los escombros.
Un tercer video, compartido por Diario Extra de Costa Rica, ayuda a entender que la señal se ha convertido en un lenguaje reconocible para quienes siguen las labores de rescate: el puño arriba significa que todos deben detenerse y escuchar.
Una de esas escenas también fue registrada durante las labores de búsqueda en Colombia y difundida por Univision. El momento no tiene grandes discursos: solo se ve a los voluntarios levantando el puño y tratando de escuchar una posible señal de vida.
En Pereira, los equipos llegaron a pedir que los civiles y los medios se retiraran para reducir el ruido en un punto donde se sospechaba que podía haber una persona atrapada. “No se desgasten aquí, la única señal de vida es en el otro lado”, se escucha decir durante una de las labores de búsqueda, según El País.
Un gesto asociado a los Topos de México
La señal suele relacionarse con los Topos de México y con la cultura de rescate que surgió después del terremoto que devastó Ciudad de México en 1985. La orden del puño levantado se hizo visible nuevamente durante el sismo mexicano de 2017, cuando rescatistas y voluntarios la utilizaron para pedir silencio alrededor de los edificios destruidos.
Telemundo explicó entonces que el silencio formaba parte de los procedimientos de Los Topos para intentar escuchar a las personas atrapadas. También existen publicaciones que presentan la señal como una creación específica de los rescatistas mexicanos en 1985.
La atribución, sin embargo, debe manejarse con cuidado. No hay una fuente única que permita afirmar de manera concluyente que una sola organización inventó el gesto. Lo que sí está documentado es que el terremoto de 1985 convirtió la solidaridad ciudadana, la organización espontánea y las técnicas de búsqueda en símbolos reconocibles dentro y fuera de México.
El trabajo que no siempre queda en las cámaras
Después de levantar el puño viene la parte que casi nunca se vuelve viral: esperar. Los rescatistas permanecen inmóviles, atentos a cualquier sonido, mientras otros revisan la estabilidad de las paredes y calculan cómo retirar un bloque sin provocar un nuevo derrumbe.
Un perro de búsqueda puede marcar un punto. Una cámara puede entrar por una cavidad. Un dron puede ayudar a revisar la parte superior de una estructura. Pero luego son las personas quienes deben arrastrarse entre el polvo, sostener una pared, retirar piedra por piedra y decidir cuándo es seguro avanzar.
En ocasiones, el silencio no trae una respuesta. En otras, llega un golpe, una respiración o una voz. Entonces el puño vuelve a levantarse, pero la orden cambia: todos deben concentrarse en ese lugar. La esperanza deja de ser una palabra y se convierte en una coordenada.
Rescatistas y familias unidos por la misma espera
Mientras los organismos de socorro trabajan, las familias permanecen cerca de los edificios derrumbados con fotografías, teléfonos y nombres. Algunas esperan noticias; otras intentan entregar información sobre quién vivía en cada apartamento, qué habitación ocupaba una persona o en qué lugar pudo haber quedado atrapada.
En esa relación entre familiares y rescatistas, cada dato puede ser importante. La memoria de un vecino, el sonido de un celular o la ubicación de una escalera pueden ayudar a reconstruir el interior de una estructura que ya no existe.
Por eso el puño levantado también representa una forma de respeto. Les pide a todos que se aparten del protagonismo, que no griten, que no graben encima de los rescatistas y que permitan trabajar a quienes están buscando a alguien que todavía puede estar vivo.
El silencio que Colombia debe recordar
El terremoto dejará imágenes de edificios destruidos, hospitales evacuados y calles cubiertas de escombros. Pero también dejará una imagen más pequeña y poderosa: la de un grupo de personas levantando el puño para que otra persona pueda ser escuchada.
Ese gesto no elimina el dolor ni garantiza un rescate. Tampoco sustituye la maquinaria, los equipos especializados o la coordinación institucional. Pero organiza el caos durante unos segundos y recuerda cuál es la prioridad: buscar vida.
Cuando el puño vuelva a levantarse entre los escombros, la respuesta no debería ser la curiosidad ni el ruido de los teléfonos. Debería ser el silencio. Porque debajo de ese silencio puede estar la única oportunidad de alguien que todavía espera que lo encuentren.





