Después de varios años de alertas por la caída de las reservas, el aumento de las importaciones y la posibilidad de un déficit creciente, el panorama del gas natural en Colombia comienza a recibir señales más favorables. El presidente electo, Abelardo De la Espriella, ha anunciado que su gobierno reactivará la firma de nuevos contratos de exploración de petróleo y gas, mientras los descubrimientos costa afuera en el Caribe abren una expectativa que el país no veía desde hace décadas.
Pero la llama todavía no está asegurada. Los nuevos contratos tardarán años en convertirse —si hay descubrimientos comerciales— en gas disponible para hogares, industrias y plantas térmicas. En el corto plazo, Colombia seguirá necesitando importaciones para cubrir parte de la demanda y evitar que la reducción de la producción nacional se transforme en desabastecimiento.
La reserva alcanza para 5,9 años, pero no es una cuenta regresiva exacta
El más reciente Informe de Recursos y Reservas de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, con corte al 31 de diciembre de 2025, situó las reservas probadas de gas en 1.717 gigapies cúbicos. La relación entre reservas y producción quedó en 5,9 años.
Esa cifra no significa que el gas vaya a acabarse de golpe al terminar ese periodo. Es una fotografía técnica: calcula cuánto durarían las reservas probadas conocidas si se mantuviera el ritmo actual de producción y no ingresaran nuevos volúmenes. La preocupación surge porque el margen es reducido y varios campos maduros, especialmente los que durante décadas abastecieron al país desde La Guajira, vienen declinando.
“Los descubrimientos y recursos identificados en el Caribe colombiano fortalecen las perspectivas de crecimiento de las reservas en el corto y mediano plazo”.
Agencia Nacional de Hidrocarburos, balance de reservas publicado el 23 de junio de 2026.
La advertencia más concreta está en el balance de oferta y demanda. En una respuesta de junio de 2026, la Comisión de Regulación de Energía y Gas citó cifras del Gestor del Mercado según las cuales el faltante podría llegar a 220 millones de pies cúbicos diarios hacia finales de 2027. Eso presionaría los costos de industrias y generadores térmicos, y aumentaría la dependencia del gas natural licuado comprado en el exterior.
Sirius es la gran esperanza, pero no llegará mañana
La expectativa más importante está en Sirius, antes conocido como Uchuva, frente a las costas de La Guajira. Ecopetrol y Petrobras estiman recursos cercanos a 6 terapies cúbicos de gas, un volumen capaz de transformar el balance energético nacional si supera todas las etapas técnicas, ambientales, sociales y comerciales.
Las compañías proyectan una inversión aproximada de US$5.000 millones y una producción que podría comenzar entre 2029 y 2030. El proyecto contempla comercializar hasta 249 millones de pies cúbicos diarios, pero antes necesita completar consultas previas, licenciamiento, ingeniería, construcción del gasoducto y los demás trabajos de desarrollo.
A esa expectativa se sumó en marzo de 2026 el descubrimiento del pozo Copoazú-1, perforado a unos 36 kilómetros de la costa y a más de ocho kilómetros de Sirius-1 y Sirius-2. Ecopetrol y Petrobras confirmaron la presencia de gas, aunque todavía no han divulgado una estimación certificada del volumen recuperable. Por eso, Copoazú es una señal geológica alentadora, no una nueva reserva lista para entrar al sistema.
El nuevo gobierno promete volver a explorar
El gobierno entrante plantea un giro frente a la política de Gustavo Petro de no firmar nuevos contratos de exploración de hidrocarburos. Durante la campaña, el vicepresidente electo José Manuel Restrepo anunció que una de las primeras decisiones sería volver a autorizar nuevos contratos para petróleo y gas. La designación de María Nohemí Arboleda como ministra de Minas y Energía refuerza la expectativa de una política orientada a recuperar reservas y atraer inversión.
El cambio puede mejorar el horizonte de largo plazo, pero no resolverá el faltante de 2026 o 2027. Entre la asignación de un área, la exploración sísmica, la perforación, la evaluación de un hallazgo, las licencias y la construcción de infraestructura pueden transcurrir muchos años. Además, firmar un contrato no garantiza encontrar gas comercial.
El debate también incluirá el eventual regreso de los pilotos de fracking, una propuesta del nuevo gobierno que enfrenta cuestionamientos ambientales y sociales. Sus defensores señalan el potencial del Magdalena Medio; sus críticos advierten riesgos para el agua, los ecosistemas y las comunidades. Cualquier decisión deberá superar reglas ambientales, participación territorial y controles técnicos, no solamente un decreto político.
El Caribe vuelve a quedar en el centro del mapa energético
Para el Caribe colombiano, la discusión es especialmente relevante. En sus aguas están Sirius y Copoazú, Cartagena alberga la principal terminal de regasificación del país y la región concentra una parte importante de la generación térmica que respalda el sistema eléctrico cuando bajan los embalses.
VOZCARIBE ya había advertido en febrero de 2025 que la llamita del gas natural podía comenzar a apagarse por el descenso de las reservas y la falta de nuevos contratos. Un año y medio después, el riesgo inmediato no ha desaparecido, pero el tablero cambió: existen nuevos descubrimientos, un proyecto gigante en desarrollo y un gobierno entrante dispuesto a reabrir la exploración.
Lo que debe ocurrir para que la esperanza llegue a las estufas
La prueba real no será el número de anuncios ni de contratos firmados. Será la capacidad de acelerar, sin saltarse las garantías ambientales y sociales, la entrada de nuevos volúmenes; ampliar gasoductos y conexiones; asegurar importaciones a precios competitivos durante la transición y convertir los recursos descubiertos en reservas comerciales.
Hay, en efecto, mejores vientos para mantener encendida la llamita. Pero hasta que Sirius y otros proyectos entreguen gas nacional, Colombia deberá atravesar un puente costoso: importar parte del combustible que consume mientras busca bajo su propio suelo y mar la autosuficiencia que fue perdiendo.





