Mientras miles de hogares colombianos intentan hacer malabares para que el salario mínimo —recientemente ajustado— alcance para cubrir lo básico, el sector financiero recibe una noticia que oxigena sus arcas: la tasa de usura para marzo de 2026 se fijó en 25,52% efectivo anual, un incremento que, aunque técnicamente es un techo legal, funciona en la práctica como una luz verde para que las entidades bancarias estiren los intereses de las tarjetas de crédito y los préstamos de consumo hasta el límite permitido.
La resolución de la Superintendencia Financiera certificó un aumento de 19 puntos básicos respecto a febrero, consolidando una tendencia que parece ignorar el clamor de los usuarios por un alivio crediticio. En un escenario donde el costo de vida sigue siendo una preocupación latente, este ajuste asegura que cualquier compra financiada a cuotas este mes no solo sea una deuda, sino un tributo considerable a la rentabilidad bancaria.
La banca: Inmune a la crisis del bolsillo
La narrativa oficial suele justificar estos incrementos como una medida necesaria para controlar el consumo y, por ende, la inflación. Sin embargo, detrás de la jerga técnica se esconde una realidad matemática: los bancos siempre llevan las de ganar.
Al cierre de 2025, el sistema financiero colombiano reportó utilidades netas que superaron los 12 billones de pesos, un incremento nominal anual cercano al 60%.
Este contraste es casi obsceno para el ciudadano de a pie. Mientras un microempresario en una zona rural debe enfrentar tasas de usura para créditos populares que rozan el 71,31%, las grandes entidades financieras celebran ROEs (rentabilidad sobre el patrimonio) superiores al 13%.
El riesgo, en teoría, lo asumen los bancos, pero en la práctica es el usuario quien paga la prima de seguro más alta del mercado a través de intereses que asfixian su capacidad de ahorro.

La tarjeta de crédito: el «salvavidas» más caro del mundo
Para muchos colombianos, el plástico no es un lujo, sino una herramienta de supervivencia para completar el mercado o pagar servicios públicos. Con la usura en el 25,52%, el uso de la tarjeta de crédito en marzo se convierte en una trampa de arenas movedizas. Una compra de un millón de pesos diferida a 12 meses terminará costando una cuarta parte más solo en intereses, sin contar cuotas de manejo y seguros asociados.
«El sistema está diseñado para que el crédito sea el motor de la economía, pero a estos niveles, el motor se está consumiendo el combustible del bienestar familiar», advierten analistas de consumo.
El mito del «control de inflación»
El Banco de la República ha mantenido sus tasas de intervención en niveles altos (alrededor del 10,25%) para frenar el gasto. No obstante, la transmisión de estas tasas hacia el consumidor final es asimétrica. Cuando las tasas de referencia bajan, los bancos suelen demorar meses en reflejar el alivio en sus productos; pero cuando la usura sube, el ajuste en los sistemas de cobro es prácticamente instantáneo.
Esta asimetría garantiza que, independientemente del ciclo económico, el margen de intermediación (la diferencia entre lo que el banco paga por captar dinero y lo que cobra por prestarlo) se mantenga robusto. En marzo de 2026, los bancos no solo están prestando dinero; están vendiendo el tiempo y el esfuerzo futuro de los colombianos al precio más alto posible.
Microcrédito: La usura que no perdona
Si el 25,52% parece alto para el consumo ordinario, las modalidades de crédito productivo y popular son aún más implacables. Para el segmento popular productivo urbano, la tasa de usura se situó en un astronómico 87,83%. Bajo la premisa de «inclusión financiera» y lucha contra el «gota a gota», el Estado permite que el sector formal cobre tasas que, en cualquier otro contexto, serían calificadas de abusivas.
El argumento de las entidades es el «alto riesgo» de estos perfiles. No obstante, las provisiones y coberturas de la banca colombiana —que superan el 150% en algunos casos— sugieren que el sistema está más que blindado contra posibles impagos, dejando al pequeño emprendedor en una carrera donde la meta de la rentabilidad se aleja con cada cuota.
La recomendación de los expertos ante este panorama es quirúrgica: evitar a toda costa el endeudamiento innecesario en marzo. El aumento de la tasa de usura no es solo un dato estadístico; es una advertencia de que el dinero hoy es más caro que ayer, y que las entidades financieras no tienen intención de ceder ni un milímetro de su margen de beneficio.
En cada rincón del país, la consigna para este mes será la austeridad. Porque mientras el ciudadano promedio lucha por no caer en mora, los edificios de los bancos siguen creciendo, cimentados sobre los intereses de una población que no tiene más remedio que financiar su vida a plazos.





