Colombia reanudó este miércoles 5 de agosto las exportaciones de energía eléctrica a Ecuador con una programación cercana a 8,6 gigavatios hora diarios, suficiente para cubrir más del 8 % de la demanda del país vecino. Casi al mismo tiempo, en Riohacha, habitantes que denuncian más de 15 días de interrupciones protestaron frente a una sede de Air-e y la manifestación terminó con daños a sus instalaciones.
Las dos noticias, ocurridas con pocas horas de diferencia, producen una pregunta inevitable en el Caribe: ¿cómo puede Colombia tener electricidad para vender mientras miles de usuarios de La Guajira continúan padeciendo apagones bajo temperaturas extremas?
La respuesta corta es que la energía enviada a Ecuador no es la que dejó de llegar a Riohacha. La exportación depende de la capacidad de generación del Sistema Interconectado Nacional y de las líneas internacionales; los cortes denunciados en La Guajira se relacionan con la red regional y local que administra Air-e. Pero esa diferencia técnica no elimina la contradicción social: el país puede producir excedentes y, al mismo tiempo, ser incapaz de entregarlos de forma confiable en una parte de su propio territorio.
Ecuador recibirá más del 8 % de su demanda desde Colombia
El ministro saliente de Minas y Energía, Edwin Palma, informó que fueron programados cerca de 8,6 GWh diarios para Ecuador. Según el anuncio reseñado por Reuters, el flujo utilizará alrededor del 78 % de la capacidad total de las interconexiones entre los dos países.
Las ventas habían sido suspendidas en enero durante la confrontación comercial entre los gobiernos de Gustavo Petro y Daniel Noboa. La Resolución 40308 del 10 de julio de 2026 habilitó nuevamente las transacciones internacionales y abrió la posibilidad de contratos de compraventa entre agentes de ambos mercados.
El Ministerio sostiene que la reactivación fue autorizada después de comprobar que no compromete la seguridad energética de Colombia ni los niveles de los embalses, ante la posibilidad de nuevas condiciones de El Niño. Ese cuidado resulta especialmente sensible para una región en la que el calor eleva el consumo de ventiladores, aires acondicionados y refrigeración, y donde VOZCARIBE ya explicó cómo el llamado “SuperNiño” puede agravar la presión sobre la energía y el agua.
Más de siete barrios reclamaron por las interrupciones
La noche del martes 4 de agosto, habitantes de distintos sectores de Riohacha llegaron a la sede de Air-e ubicada sobre la avenida Circunvalar, en la salida hacia Maicao. De acuerdo con los testimonios recogidos por El Heraldo, las comunidades denunciaron interrupciones constantes durante más de 15 días y afirmaron que más de siete barrios permanecían afectados.
La protesta incluyó bloqueos y terminó con daños a la fachada y otras partes de las instalaciones. Policía y Ejército intervinieron para controlar la situación. La inconformidad ciudadana por el servicio no justifica la destrucción de bienes, pero la violencia tampoco puede ocultar el problema que originó la manifestación: familias expuestas durante días al calor de Riohacha sin una respuesta que consideren suficiente.
Air-e había informado, además, trabajos preventivos el domingo 2 de agosto en la subestación Riohacha, que implicaron suspensiones programadas en amplios sectores de la ciudad y en zonas de Uribia. La empresa también ha reportado fallas en otros circuitos de La Guajira. Hasta el cierre de esta nota no se conocía un balance público detallado que explicara el origen de todas las interrupciones denunciadas por los manifestantes, su duración por barrio y el cronograma definitivo de normalización.
Generar energía no es lo mismo que llevarla hasta una casa
El sistema eléctrico funciona por etapas. Primero están las plantas que generan la electricidad. Luego, las líneas de alta tensión la transportan por el país. Finalmente, los operadores regionales la distribuyen mediante subestaciones, transformadores, postes y circuitos hasta hogares y comercios.
Colombia puede tener generación disponible y capacidad para exportar por la interconexión con Ecuador, mientras una falla, un equipo deteriorado o una inversión aplazada interrumpe el servicio en un circuito de Riohacha. Por eso no hay evidencia de que las exportaciones anunciadas hayan causado los apagones en La Guajira.
La verdadera discusión está en otra parte: ¿por qué la infraestructura local continúa siendo tan frágil que cualquier falla puede convertirse en una crisis prolongada? El problema no nació ahora. En 2020, Air-e y Afinia llegaron para sustituir a Electricaribe con la promesa de inversiones y de una solución estructural, como registró VOZCARIBE en la historia sobre el relevo de Electricaribe en la región.
Air-e está intervenida: el Estado también debe responder
Air-e fue intervenida por la Superintendencia de Servicios Públicos en septiembre de 2024. En enero de 2025, la entidad determinó una toma de posesión con fines liquidatorios y ordenó una etapa de administración temporal para mantener la prestación en Atlántico, Magdalena y La Guajira.
“Incapacidad para garantizar con la debida calidad y continuidad la prestación del servicio”.
Diagnóstico de Air-e citado por la Superservicios en la Resolución 20251000004725 de 2025.
La resolución de la Superservicios describió deterioro financiero y operativo, retrasos a proveedores, deficiencias de infraestructura y una ejecución de apenas 24 % del plan de inversiones en redes evaluado en ese momento. También concluyó que la empresa requería una solución estructural e integral.
Ese antecedente cambia el reparto de responsabilidades. Aunque muchas fallas provengan de la red administrada por Air-e, la compañía está bajo control estatal. El Gobierno saliente, por tanto, no solo debe demostrar que las exportaciones a Ecuador son seguras para el sistema nacional: también debe explicar qué resultados concretos dejó la intervención y por qué la continuidad sigue siendo precaria en sectores de La Guajira.
La energía alcanza; la confiabilidad, todavía no
Vender electricidad a Ecuador puede generar ingresos, fortalecer la integración andina y ayudar a un país vecino cuya demanda alcanzó niveles récord durante julio. Suspender esas operaciones no repararía por sí solo un transformador, una subestación o un circuito de Riohacha.
Pero para los usuarios que pasan la noche sin ventilador, pierden alimentos o ven afectado su negocio, esa explicación técnica es insuficiente. La pregunta que queda para Air-e, la Superservicios y el Ministerio de Minas no es si Colombia puede exportar, sino cuándo podrá garantizar en el Caribe la misma seguridad energética que ofrece más allá de la frontera.





