En el corazón de Cartagena, el nombre de Mary Daza de Maldonado es sinónimo de impulso, vanguardia y generosidad. Su historia no solo da cuenta de una industria pujante, sino de una transformación social profunda que empezó en tiempos en que la ciudad apenas soñaba con tener protagonismo en el turismo internacional.
Mary llegó al universo de los eventos cuando no había salones preparados ni proveedores formales: ella fue la pionera que, con creatividad, determinación y sentido práctico, convirtió plazas, murallas y castillos en escenarios insospechados capaces de albergar desde recepciones hasta congresos científicos de talla mundial.
Cuando hacían falta equipos y soluciones logísticas, Mary encontraba cómo improvisar profesionalismo donde solo había limitaciones, y enseñaba a otros a hacerlo con el mismo rigor.
Su liderazgo natural y su capacidad para anticipar lo que Cartagena podía llegar a ser, encendieron una cadena de cambios: fue la primera en introducir el catering, en montar y rotular salones, en aprender sobre nuevas tecnologías y compartirlas con generosidad, y en digitalizar procesos cuando muchos ni imaginaban el uso del computador.
Formó equipos sólidos y traspasó su conocimiento a una generación de mujeres y hombres, capacitando a quienes luego se convertirían tanto en sus colaboradores como en su saludable competencia. Bajo su impulso, decenas de mujeres cartageneras encontraron en los eventos una vocación, un primer trabajo y, para muchas, una ruta de emprendimiento e independencia.
Mary Daza de Maldonado no solo abrió caminos, sino que los hizo transitables para otros: participó en la creación de la licencia OPC (Operadores Profesionales de Congresos) en Colombia, representó a Cartagena en ferias internacionales y trajo tecnologías inéditas a la región, desde retroproyectores hasta banderas importadas que ni siquiera existían localmente. Fue también parte esencial en la fundación y administración de hoteles y grandes espacios para eventos, dejando huella en cada rincón donde la excelencia en el servicio era la meta.
Hoy, a sus 93 años y ya retirada, el legado de Mary encuentra un nuevo reconocimiento: su nombre resuena entre las figuras postuladas para los Premios Excelencia El Universal, celebrando su impacto no solo en la industria de los eventos, sino como modelo de inspiración y liderazgo femenino.
La convocatoria a estos galardones es una oportunidad para que la comunidad reitere el valor de quienes, como ella, fueron la fuerza detrás de la transformación de Cartagena, construyendo, paso a paso, una ciudad abierta al mundo.
En cada evento que vibra en Cartagena, hay algo de Mary. En cada mujer que saltó del hogar a la gestión profesional porque alguien creyó en su talento, hay algo de Mary. En cada protocolo, estándar y logro del sector, resuena esa voz pionera que cambió el destino de la ciudad y que hoy, desde la memoria colectiva —y desde la plenitud de una vida bien vivida—, es faro y ejemplo para las nuevas generaciones.