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El logo colombiano que llegó al pecho de una selección mundialista sin que nadie lo esperara

Adidas, Nike y Puma controlan las camisetas del 77% de las selecciones del Mundial 2026 y mueven contratos de hasta 100 millones de euros anuales. En medio de ese reparto milmillonario, una empresa familiar bogotana viste a Haití gracias a una donación de uniformes que hizo tras un terremoto hace 16 años.

El mercado global de patrocinio técnico a selecciones nacionales de fútbol mueve aproximadamente 1.000 millones de dólares al año. En el Mundial 2026, ese dinero se disputa entre 48 selecciones, 13 marcas y una jerarquía de contratos tan desigual que separa a quienes cobran 100 millones de euros anuales de quienes no reciben un solo peso en efectivo. En ese segundo extremo, completamente fuera del radar financiero de la industria, opera Saeta Sport: una empresa colombiana fundada en 1982 con dos máquinas de coser en el comedor de una casa bogotana, que hoy viste a Haití en el torneo más visto del planeta.

Así se reparte el Mundial entre las marcas

De las 48 selecciones que participan en el torneo, 37 son vestidas por tres empresas. Adidas lidera con 14 equipos —entre ellos Argentina, Alemania, España, México, Colombia, Japón, Bélgica y Sudáfrica—, Nike ocupa el segundo lugar con 12, incluyendo a los coanfitriones Estados Unidos y Canadá, más Brasil, Francia, Inglaterra, Países Bajos y Croacia. Puma completa el podio con 11 selecciones, con fuerte presencia en África y Europa: Portugal, Marruecos, Suiza, Senegal, Ghana y Costa de Marfil, entre otras.

Las 11 selecciones restantes se distribuyen así entre marcas regionales o de menor presencia global:

  • Kelme (2): Bosnia y Herzegovina, Jordania
  • Marathon (1): Ecuador
  • Umbro (1): República Democrática del Congo
  • Kappa (1): Túnez
  • Reebok (1): Panamá
  • Majid (1): Irán
  • 7Saber (1): Uzbekistán
  • Jako (1): Irak
  • Capelli (1): Cabo Verde
  • Saeta (1): Haití

Lo que pagan las grandes —y lo que no pagan las pequeñas

Los contratos de patrocinio técnico en el fútbol internacional operan en tres niveles con diferencias abismales entre sí. En el escalón de élite —reservado para las potencias con ventas masivas de camisetas— los montos superan los 40 millones de euros anuales. El caso más extremo del actual ciclo es el de Alemania: la selección germana disputa su último Mundial con Adidas antes de firmar con Nike a partir de 2027 por una cifra récord estimada en 100 millones de euros anuales, el contrato más alto en la historia del patrocinio a selecciones nacionales. Francia percibe cerca de 50 millones de euros anuales de Nike; Inglaterra recibe alrededor de 38,7 millones en la misma moneda. Argentina y Brasil, cuyos contratos incluyen bonos por resultados deportivos, se mueven en un rango estimado entre 30 y 45 millones de euros al año.

El escalón medio agrupa a selecciones competitivas con mercados internos grandes o diáspora relevante en el exterior. México, Colombia y Marruecos no alcanzan los montos europeos, pero sus contratos combinan un pago fijo de varios millones de dólares más regalías directas sobre el volumen de camisetas vendidas en sus países y en Estados Unidos.

En el tercer nivel —donde opera Saeta con Haití— no existe tarifa anual en efectivo. La marca entrega de forma gratuita toda la indumentaria de competencia, entrenamiento y viaje para todas las categorías de la selección: femenina, masculina y juveniles. El único ingreso posible para la federación es un porcentaje de regalías, habitualmente entre el 10% y el 15%, sobre cada camiseta original vendida en el mercado comercial.

A esos números hay que sumarles una capa adicional: las marcas socias globales de la FIFA —entre ellas la propia Adidas— desembolsan entre 50 y 150 millones de dólares adicionales por ciclo mundialista solo para ser «Socio Oficial», un derecho que les garantiza el logo en los balones oficiales, las vallas de los estadios y el uso de la marca registrada de la Copa del Mundo en publicidad global. Son dos negocios distintos que se superponen: el de vestir selecciones y el de patrocinar el torneo en sí.

13 años de pérdidas antes del escaparate más grande del mundo

La historia de Saeta en el fútbol haitiano no empieza en una sala de juntas sino en una catástrofe. Tras el terremoto del 12 de enero de 2010 que dejó más de 200.000 muertos en Haití, Pedro Aníbal Carrero —el boyacense que fundó la empresa— donó uniformes e indumentaria como gesto humanitario, sin contrato ni expectativa de retorno. Ese acto construyó una confianza con la Federación Haitiana de Fútbol que en 2013 se formalizó en un patrocinio oficial.

Durante más de una década, el negocio fue deficitario. Haití no clasificaba a Mundiales, debía jugar todos sus partidos como visitante por la crisis de seguridad interna del país, y las regalías sobre ventas de camisetas eran mínimas. Saeta no se fue. En 2020, anticipando una eventual clasificación, la empresa abrió una filial en Estados Unidos para abastecer directamente a la diáspora haitiana radicada allí —su mercado más grande— y esquivar los costos de exportación desde Colombia. Cuando Haití confirmó su boleto al Mundial, la infraestructura de distribución ya estaba operando.

La FIFA exigió ajustes en el diseño de la camiseta antes del torneo para eliminar elementos interpretables como mensajes políticos. Saeta los implementó y recibió la aprobación del organismo. Hoy, lo que nació con una máquina plana y una fileteadora compite en las tiendas oficiales del Mundial con camisetas que superan los 500.000 pesos colombianos, en el único escaparate donde una marca de ese tamaño puede quedar frente a frente con Nike, Adidas y Puma durante 90 minutos, ante una audiencia global de miles de millones de personas.

Ninguna otra marca colombiana había llegado tan lejos. Y ninguna lo había hecho apostando primero a la solidaridad y después al negocio.

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