Actualmente Colombia está en un proceso de transición energética como resultado de la aprobación del CONPES, que plantea la política pública que busca garantizar las metas que se trazaron: reducir en un 51% los gases de efecto invernadero para el 2030 y alcanzar la carbono neutralidad para 2050.
Con la posesión del gobierno electo, se espera un impulso adicional a las energías renovables, para lo cual sería deseable un aumento, o al menos el mantenimiento de los incentivos fiscales para estos proyectos. Hoy por hoy, Colombia cuenta con una infraestructura de generación eléctrica de casi tres mil proyectos solares fotovoltaicos, más de 20 granjas solares y tres parques eólicos que equivalen a una generación cercana a 1000 MW lo que a su vez equivale a una reducción aproximada de un millón de toneladas de CO2 en emisiones.
“Es una apuesta a mejorar nuestro entorno y asegurar el crecimiento de una manera sostenible, garantizando que este no traiga consigo la semilla de su propia destrucción a través de impactos ambientales negativos. Además, los proyectos ambientalmente sostenibles son beneficiarios potenciales de fuentes de financiación, que resultan interesantes para los inversionistas” afirma Álvaro Josué Yáñez, Socio de la firma CMS Rodríguez-Azuero.

Ahora bien, es importante recordar que para que la transición sea exitosa conviene que la misma se adapte a la realidad energética colombiana: Colombia tradicionalmente ha generado su energía eléctrica a partir de fuentes limpias, particularmente aprovechando la riqueza hídrica del país. El fenómeno del Niño de los años 90 obligó a conformar una red de respaldo térmico que pudiera abastecer la demanda en eventos de bajas lluvias. Ese respaldo se brinda fundamentalmente a través de termoeléctricas que operan alimentadas, en buena parte, por gas natural.
Gas natural en Colombia, el gran pionero
Adicionalmente, desde los 90, el país ha hecho inmensos esfuerzos por construir redes de distribución de gas natural en centros poblados, lo cual hoy permite que millones de hogares cocinen o calienten el agua a un costo razonable para los ciudadanos. Así, la riqueza de Colombia en yacimientos de gas e infraestructura energética debe ser un combustible para asegurar una transición segura y exitosa para el país.
Adicionalmente, Colombia podría convertirse en un exportador de hidrógeno, ya que cuenta con los recursos y la ubicación idónea para la producción de este energético, que está perfilado como uno de los más importantes en un futuro, convirtiéndolo en un renglón importante de los ingresos nacionales. Además, al abastecer la demanda energética con fuentes renovables y que no generan emisiones, genera una ventaja de manejo responsable y sostenible de los recursos naturales.
“La transición energética en Colombia no se limita a un simple discurso, sino que corresponde a una verdadera política de estado en plena ejecución. Su futuro recae en que el próximo gobierno, y los que sigan, comprendan que la transición energética es una política de Estado, no de gobierno, siguiendo la ruta marcada en el CONPES de Transición Energética”, recomienda Yáñez.





