La noche del 17 de junio de 2025, Barranquilla y varias zonas del Atlántico quedaron a oscuras tras un apagón masivo que afectó a cerca de 200.000 usuarios. Seis subestaciones eléctricas —Riomar, Centro, Silencio, Las Flores, Oasis y Puerta de Oro— dejaron de funcionar, dejando sin luz a barrios como Prado, Boston, Recreo, Ciudad Jardín, Paraíso, La Concepción, El Silencio, Chiquinquirá y Villa Carolina, entre otros.
La falta de energía impactó de inmediato en la movilidad urbana, con semáforos apagados que generaron caos vehicular, y en la vida cotidiana de miles de personas, quienes expresaron su frustración en redes sociales: “Ya van 2 horas de un apagón en toda Barranquilla. El caos vehicular es de proporciones bíblicas”.
El alcalde Alejandro Char no tardó en exigir una solución inmediata a la empresa Air-e, responsable del servicio eléctrico en la región. “¡Por favor, señores de Air-e, muchos sectores de la ciudad se encuentran sin luz, se necesita restablecer el servicio, ¡PILAS!”, escribió en sus redes sociales. La Superintendencia de Servicios Públicos también intervino, enviando equipos técnicos para apoyar el restablecimiento y anunciando una investigación sobre las causas del apagón.
Esto dijo Air-e
Según Air-e, el origen del problema fue una avería en la subestación Oasis, ubicada en el norte de la ciudad, que activó los sistemas automáticos de protección y desconectó preventivamente las seis subestaciones, afectando a Barranquilla y Puerto Colombia. Sin embargo, fuentes cercanas a la empresa señalan que “el motivo técnico conocido, que provocó el apagón que vivieron los usuarios de Air-e en Barranquilla, es que hubo seis subestaciones afectadas por un evento técnico. No obstante, la verdadera razón sería económica”. Esta afirmación refleja una problemática más profunda que trasciende la falla puntual.
Desde 2024, Air-e está intervenida por la Superintendencia de Servicios Públicos debido a su delicada situación financiera. Un informe de interventoría advirtió sobre la “imposibilidad de Air-e para garantizar la debida calidad y continuidad de la prestación del servicio de energía en el corto, mediano y largo plazo, así como el pago de sus obligaciones mercantiles”.
La falta de recursos ha provocado que “cada vez estaría siendo más difícil que se haga el mantenimiento necesario para que el servicio llegue de manera eficiente a los usuarios” y que “los cuadrilleros se han vuelto ‘apagaincendios’, pues, mientras van a un barrio, estalla otro inconveniente en otro y no logran llegar con rapidez. Todo por falta de plata para el mantenimiento”.
Este apagón evidenció la fragilidad del sistema eléctrico en Barranquilla, con consecuencias inmediatas para hospitales, comercios y la seguridad ciudadana. La Policía de Tránsito tuvo que intervenir en las intersecciones más complejas para evitar accidentes, mientras que miles de ciudadanos quedaron atrapados en el tráfico o sin poder regresar a sus hogares.
La crisis energética, más allá de un fallo técnico, es una muestra clara de la vulnerabilidad financiera y operativa que enfrenta el servicio eléctrico en la ciudad. Un informe especializado señala que “la falta de oxígeno de Air-e ya está llegando al límite.
Se requiere una solución económica del Fondo Empresarial, lo que estaría en manos de la SuperServicios”. Mientras tanto, la ciudadanía espera respuestas y soluciones que garanticen un suministro eléctrico confiable y estable.





